Si se mira cuidadosamente en el archivo de historias de mi blog Atalaya, verás que hay muy pocos libros en agosto de 2008, cuando escribí l&g.net. El primero, Una novela en un año, te da cierta idea de por dónde iban mis intenciones; y el anterior, You shall know our velocity, es muy probable que haya influído en el carácter peripatético y en la forma un poco libre del mismo.
Pero no hay más novelas; no leí ninguna novela mientras estaba escribiéndolo, precisamente para que no me influyera ni el estilo ni las ideas de las mismas. Puede parecer una chorrada, pero mientras uno escribe tiene que mantener cierta higiene mental; no sólo eso, sino que si la novela engancha demasiado o es excesivamente interesante, acabas dándole más vueltas a la trama de la novela que estás leyendo que a tu propia historia.
Si me ayudó, sin embargo, y no aparece ahí, el llevarme media docena (o más, no recuerdo) de Asimov’s, revista pulp con relatos y novelas cortas. Aparte de estar en inglés, lo que las mete en un compartimento literario-mental aparte, en general son historias con una imaginación muy viva, que si no te da ideas, al menos te coloca en un estado en el que tus propias ideas surgen. Además, son totalmente fungibles y por tanto ideales para llevarlas a sitios donde estén expuestas al agua salada o clorada, la arena, y el amontonamiento en bolsos y mochilas junto con conchas y botes de bronceador.
No sé si la receta le servirá a alguien, pero a mi me sirvió.
18/8/2009
¿De dónde sacamos todo esto?
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