En Pájaro a pájaro dejan bien claro qué es lo que una persona que escribe debe esperar: Nada.
El concepto de público de un libro, y más el de público que es capaz de ir a una presentación sobre un libro, es difícil de concretar en unos cuantos targets publicitarios y al final lo más fácil es listar los nombres y apellidos de las diferentes personas que, por diferentes medios, han disfrutado con el susodicho. Eso implica que, a priori, es imposible saber quienes son esas personas. Es más, que hagas lo que hagas los mecanismos por los que, eventualmente, se añade un nombre y apellido más a ese público objetivo es misterioso y arcano.
Por eso las presentaciones y las mesas de firmas posteriores son momentos llenos de zozobra. No es que yo tenga una gran experiencia sobre el tema. La primera vez que estuve en una, por ejemplo, fue cuando presentamos la obra colectiva Nuevos Cuentos del Alambre con firmas posteriores. Sólo vino una mujer a que le firmáramos la docena de autores, y fue porque los confundió con los cuentos de la Alhambra. No os podéis imaginar la decepción cuando no le firmó el zombie de Washington Irving, sino una serie de personas que oscilaban entre la ansiedad y la timidez más recoleta.
En este caso, afortunadamente, no se ha dado el caso. Ha habido un par de firmas, que el full disclosure me obliga a decir que ha sido de familia y amigos. La estadística me dice que el 66% de las personas que asistido a la presentación han comprado el libro, lo que no está nada mal. Si hacéis cuentas concluiréis que la apariencia que presentaba la sala arriba no varió mucho durante la conferencia, pero hoy voy a intentar presentarla otra vez. Aunque sea en las mesas del bar y por caridad.
Elegía por una presentación
Lujo y glamour en la convención

Nunca he estado en una Hispacon. No sé si es bueno o malo, pero lo dejo aquí por si me pudiera servir más adelante como excusa. Así que este año asistiré por primera vez, aunque no todo el tiempo, y presentaré la novela de la que se ocupa este blog, o sea, venga, no me hagas repetirlo, que ya lo sabes.
Quizás presentarla no sea la palabra correcta. La novela se publicó hace más de un año, y no debe de quedar mucha gente que ignore su existencia. Pero lo cierto es que sí presentaré algo sobre la novela, algo que no se había hecho hasta ahora con la misma, o quizás sí, pero nadie se había dado cuenta. O quizás sí te habías dado cuenta, pero lo guardabas como aquél que, por aparición de Flocke en un sueño, conoce el final de Perdidos y lo escribe en un tarjetón y se hace una foto con él delante de un kiosco con los periódicos que indiquen de forma precisa en qué día se ha tomado y cuyos titulares, curiosamente, contienen los números 4, 8 y 15.
Aparte de eso, no sé muy bien como comportarme en este tipo de eventos, donde todo el mundo es escritor, o dibujante, o guionista, o todo a la vez, y todo el mundo tiene premios Ignotus a punta pala, ha cenado con Neal Stephenson o ha aparecido en un libro de William Gibson. Así que es muy probable que viole algún tabú y me prohíban volver a ese tipo de eventos.
Lo que sí es cierto es que Bubok, que al fin al cabo es mi editorial ayudará financieramente con el viaje, lo que es justo reconocer, y aquí lo hago así. Así que si queréis saber de qué va Bubok, una novela con nombre de dominio de Internet, y adquirirla firmada y con regalo, por supuesto, de pajaritos (que no pajaritas) de papiroflexia, allí estaré.
