Sólo vine a hablar de mi libro
5/7/2009

Los hombres que no amaban el lujo y el glamour, por Lars Stigsson

Onofre se sirvió una taza de café antes de entrar a la sala de reuniones de la Sûreté, situada en la Conciergerie, en pleno centro de Paris, donde el suelo que pisaban tus zapatos costaba más de lo que de lo que podrías ganar en una década. Previamente, había cogido el metro hasta la estación Metropolitain, había subido 45 escaleras sin mostrar síntomas de cansancio, y había andado 225 pasos, dejando a la derecha la Sainte Chapelle, bonito y meritorio monumento gótico que no tenía ninguna intención de visitar. Desde su bolsillo, el tamagotchi gemía usando una serie de bips, que a veces eran contestados por su teléfono móvil, en el otro bolsillo.
Ambos estaban callados cuando se sentó a la mesa, donde le esperaban Pierre Ducide, comisario de la Sûreté encargado del caso de Kyra Sorrentino, Pierre Moline, un sargento de los CRS allí presente por si había que repartir leña a alguien n’importe quoi, Pierre Stitute, el conserje del edificio, que a lo largo de los años se había labrado una reputación de ser el más rápido en abrir y cerrar puertas y el más veloz en escaquearse cuando había que hacer alguna labor que excediera en lo más mínimo su descripción laboral, Pierre Positeur, que aparentemente era jefe de algo pero realmente era un espía soviético que a la caída de la unión ídem se había quedado en el paro y vagaba por allí viviendo de las dietas que conseguía cuando le encargaban algún recado en la Banlieue, y no podemos olvidarnos de Chantal Paraquel, instructora del caso, que a sus 22 años estaba en la flor de la vida y miraba con ojitos a Onofre, lo que en realidad era una estrategia para zumbarse a Pierre, o a Pierres; Chantal Commenoussommes, de l’Armée de Terre, preocupada porque había dejado el tanque aparcado en doble fila y además enfrente de Nôtre Dame y seguro que le caía un paquete aparte de la multa. Niki apareció en una pantalla en la pared, con gafas negras, pelo negro, gabardina negra, camiseta negra y un diente postizo negro. Pendientes negros, un piercing negro en la ceja (con pelos negros) y comiéndose algo negro que todos esperaban que fuera regaliz.
Pierre les sirvió de nuevo café, y les dijo “Estamos aquí para tratar del asesinano de Kyra Sorrentino”. Onofre intervino “Funnygirl555, que ha hackeado mi tamagotchi a través del móvil o al revés y usa ambos para transmitir información, ha encontrado nuevos datos sobre la muerte. Escuchémosla”. El tamagotchi pitó, diciendo “Me he hecho cacotas”. El móvil también. Pierre transcribió el código morse usado, y lo leyó con admiración no exenta de cierta atracción sexual por el tamagotchi. Dijo “Lo que estoy leyendo es tremendamente grave”.
Toda la sala se sirvió café, y estuvieron discutiendo durante dos horas la estrategia a seguir. La reunión terminó y se fueron a un café a tomar café. El tamagotchi no paraba de decir “Tengo hambre”.

This work is licensed under GPL - 2009 | Powered by Wordpress using the theme aav1